Todo va a estar bien…

Una de mis mejores amigas estudió relaciones internacionales y para terminar su tesis de licenciatura, acerca del Plan Colombia (1999), hizo un intrépido viaje a ese país, y aprovechó para recorrer varias regiones de Sudamérica.

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Ella es originaria de un pueblo de Guerrero, México, al cual adora, y sólo se mudó a la inmensa y desquiciante capital del país, para estudiar en la UNAM. Menciono esto porque su actitud en relación con ciertos aspectos de la vida cotidiana era mucho más tranquila y relajada que la de los chilangos de toda la vida.

Le parecía sorprendente, por ejemplo, que muchos de nosotros pasáramos hasta cuatro horas diarias en el transporte para ir y venir de la universidad. Tampoco entendía que, cuando queríamos ir al cine o algún espectáculo, compráramos los boletos con horas y hasta días de anticipación.

Y algo que nunca le agradó, cuando llegó el momento en que hicimos viajes en grupo, fue la obsesión que mostrábamos la mayoría de los citadinos por tener todo reservado con anticipación; boletos de autobús, hotel y hasta las entradas a ciertos museos y espectáculos que llegaban a saturarse.

A ella lo que le gustaba, porque así lo hacía cuando viajaba con su familia, era llegar a la ciudad o el pueblo, pasear por sus calles, encontrar un lugar que “le llamara” y buscar hospedaje ahí. Nosotros respondíamos que quizá todo eso funcionara muy bien hace algunos años, o en lugar recóndito y poco frecuentado, pero que en “nuestros tiempos” y con tanta gente viajando por todos lados, si no hacíamos reservaciones, nos arriesgábamos a pasar la noche en la calle.

Cuando tuvo la oportunidad de viajar a Colombia, se fue sola y pudo dar rienda suelta a su despreocupada forma de ser. Nos cuenta que iba de un pueblo a otro, sin saber siquiera cómo sería el lugar al que llegaría y mucho menos tener un lugar seguro para dormir; esa sensación, decía, le causaba un poco de nerviosismo y temor, pero también la llenaba de una adrenalina que le encantaba. En un pueblo llamado Pijao, en la región andina de Colombia, conoció a un guía que compartía esa forma viajar, de vivir incluso, y le ayudó a reforzarla. Cuando notaba que la joven se ponía nerviosa, por la incertidumbre de llegar a un sitio desconocido, le decía: “Todo va a estar bien… o no, pero de alguna forma saldremos”.

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Al volver a México, nuestra querida internacionalista citaba esa frase como un mantra y pronto la convirtió en el lema del grupo de amigos. Ya se tratara del examen profesional, de conseguir boletos para un concierto o de llegar a fin de mes con nuestros módicos salarios de recién egresados, nos alentábamos unos a otros con el curioso “Todo va a estar bien… o no…”.

Ya estando en la maestría, varios amigos de aquel legendario grupo, que nos habíamos interesado en la literatura, fuimos invitados a un coloquio, que se llevaría a cabo nada menos que en Francia. La oportunidad se presentó por cortesía de una profesora y obviamente no la íbamos a desperdiciar; ahorramos, conseguimos trabajos extras, liberamos nuestras agendas por dos semanas y nos fuimos a Europa.

Nuestra amiga del “Todo va a estar bien” era parte de la selecta concurrencia y, para variar, la habíamos contrariado un poco, en nuestro afán por asegurar el alojamiento. El evento sería una pequeña ciudad al sur de París, que apenas contaba con un “Youth Hostel”, un gran hotel en el centro y unos cuantos “Bed & Breakfast”; por lo menos eso nos había dicho Internet. Con tan escasa oferta, sentíamos más que justificada nuestra preocupación por reservar, mientras que para ella, la limitada infraestructura turística era señal de que casi no iba gente y, por tanto, sería fácil encontrar algo.

Pero un detalle escapó a nuestra planeación. Nuestra llegada a la ciudad sería pasadas las diez de la noche y en las pequeñas ciudades europeas, muchos comercios cierran antes de esa hora, hoteles incluidos. Tal fue el caso de nuestro Bed & Breakfast y por más que tocamos el timbre, nadie se asomó, ni encendió una luz siquiera. Así que ahí estábamos, con reservación en mano, pero pasando la velada bajo las estrellas.

Entonces, la internacionalista entró en acción. “Acuérdense, ¡todo va a estar bien!” – “O no”, respondimos inmediatamente”. “Pero algo saldrá, ya verán”, continuó ella. Bajo el supuesto de que si no había un alma en las calles, tampoco habría peligro, empezamos a caminar, alejándonos cada vez más del centro. Al fin llegamos cerca de la carretera y entonces distinguimos las primeras luces de lo que parecían ser anuncios de neón. Nos acercamos y comprobamos que sí, se trataba de un grupo de pequeños hoteles, para los viajeros que van por carretera. No eran Krystal Urban, claro está, pero para nosotros, que ya nos veíamos durmiendo en las bancas de la plaza, fue como llegar al mejor resort del mundo.

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Aliviados, nos dimos el lujo de preguntar en los tres establecimientos que había y pudimos elegir el que más nos gustó, en cuanto a precio e instalaciones. No fue tan sencillo como encontrar hoteles cerca del aeropuerto DF, pero dimos con un lugar bastante agradable y accesible para pasar la noche y al día siguiente nos dimos cuenta de que estábamos rodeados por un magnífico paisaje. Una vez más, el “Todo está bien” había triunfado.

El pez por la boca muere

Recuerdo que todos íbamos muy contentos al campamento. El salir de la rutina, ya siendo todos unos adultos de 19 años, era una gran aventura, porque es salir sin papá, el tío o el primo que era mayor, que son los que generalmente nos llevaban a pasear. En esta ocasión era una aventura real.

Nos dirigimos a un lugar para acampar en las afueras de Taxco y el entusiasmo de ser el primero en llegar y reconocer el terreno hacía que nuestro contingente de 8 excursionistas se fuera convirtiendo en una larga fila.

Finalmente nos situamos en un claro del bosque cerca del río, en un lugar un poco elevado por precaución.

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Limpiamos un poco el terreno y pusimos las tiendas. Todo de acuerdo a lo planeado; sin embargo, a partir de ese momento la inexperiencia de Luis en estos menesteres fue evidente.

Nos comentó que sus zapatos se le habían roto, eran unos Vans color blanco… muy “apropiados” para ir de campamento.

A la mañana siguiente preguntó si era seguro el río para bañarse, con su toalla, shampoo y acondicionador en mano.

No quiero decir que por salir de campamento se debe olvidar la higiene; sólo hay algunas “incomodidades” que forman parte de la diversión. Sobre el gel para peinarse después de su baño en el río, ya ni daré detalles.

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Estaríamos cuatro días ahí, y al segundo Luis decidió irse pues no tenía zapatos, se le rompieron y tuvo que alquilarle una yegua a un señor que pasaba por ahí, cargando leña, para que lo llevara hasta la carretera que iba a Taxco.

Hubo algunos otros detalles en donde fue evidente que no estaba muy enterado del equipo mínimo indispensable para un campamento.

En otra ocasión, fuimos a Querétaro, a visitar a un tío que es un gran aficionado al golf. Como no les visitábamos tan a menudo, nos invitó a mi papá, a mi hermano y a mí a jugar.

Mi hermano y yo nunca habíamos ido a jugar, nuestra experiencia más cercana a eso era en el PlayStation.

Ante tal caso, mi tío nos ofreció unos zapatos de golf de mi primo. A mí me quedaron bien y mi hermano que se da sus aires de grandeza decidió ir con sus tenis.

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Al llegar nos subimos al carrito y todo era como en las películas, hasta que comenzamos a jugar. Por fortuna acepté los zapatos de mi primo y me evité estar cayéndome y resbalando como mi hermano, quien en su papel de Superman tampoco quiso los guantes y terminó con las ampollas propias de principiantes.

A partir de ese momento quedé convencido de que muchos de los accesorios propios de cada actividad no son necesariamente para andar de fanfarrón, sino que ayudan y han sido diseñados exprofeso para cada caso en particular.

En fin, a cada uno le va como quiere que le vaya, ya que a mi hermano en muchas ocasiones le fue muy mal por según él era el valiente al que “no le pasa nada”.

Si se va a desarrollar alguna actividad, no está de más ser precavido y darle el beneficio de la duda a los conocedores, quienes usan algunos accesorios para cada actividad.

Años después, me dediqué a la informática y también me fui haciendo de ciertas herramientas y accesorios que son realmente necesarios.

Lo curioso es que cuando uno trata de ahorrarle penas a los principiantes, muchos de ellos siguen diciendo “no, yo así le hago y no pasa nada”.

Razones para visitar Guanajuato

Cada estado de la República Mexicana tiene lugares que vale la pena visitar y en nuestras publicaciones les hablaremos de los principales atractivos de muchas regiones del país.

Hoy toca el turno a Guanajuato, un estado lleno de historia, cultura, tradiciones y paisajes espectaculares. Se ubica en el centro de la República, en la región conocida como el Bajío.

Tiene un clima agradable la mayor parte del año, si bien puede ser un tanto frío en invierno y lluvioso en verano; en cualquier caso, no hay temperaturas extremas que impidan disfrutar de un paseo al aire libre o de una cena en alguna de sus encantadoras plazas.

Hay muchas razones para visitar Guanajuato; éstas son algunas de ellas:

  1. Para nuestros lectores golfistas, Guanajuato tiene campos de categoría mundial en las ciudades de León, Celaya, Salamanca, Irapuato y San Miguel de Allende.
  2. En Guanajuato se encuentra la cuna de nuestra nación. Fue en el pueblo de Dolores donde el cura Miguel Hidalgo hizo la proclama que dio inicio a la lucha por la independencia. En la capital del estado se libró una de las batallas más importantes al inicio del movimiento, la cual culminó en la toma de la Alhóndiga de Granaditas.
  3. La ciudad de Guanajuato se fundó en 1557 y la riqueza de sus minas la convirtió en una de las ciudades más prósperas de la época colonial. De ello dan cuenta sus admirables edificios, que le valieron el título de Patrimonio de la Humanidad, otorgado por la UNESCO.
  4. El estado también destaca por sus aportaciones al ámbito de la cultura. La capital es la sede de uno de los eventos artísticos y culturales más importantes de Latinoamérica, el Festival Internacional Cervantino. También se organiza un Festival de Cine, que poco a poco ha ganado renombre. La ciudad de Guanajuato cuenta con cerca de 20 museos y la ciudad de San Miguel de Allende se ha convertido en el hogar de artistas nacionales y extranjeros.
  5. Las calles y callejones de la ciudad de Guanajuato han sido escenario de diversas historias y leyendas. La más famosa es la del Callejón del Beso, que cuenta la tragedia de dos amantes, separados por la rivalidad entre sus familias, pero unidos gracias al estrecho callejón, que les permitía darse un beso con sólo asomarse a sus respectivos balcones. Todavía es tradición que las parejas que pasen por ahí se den un beso, para sellar su amor.
  6. Guanajuato también cuenta con destinos importantes para el turismo de reuniones. La más destacada es Silao, donde se encuentra el parque industrial Guanajuato Puerto Interior y el aeropuerto internacional del estado. La mayoría de los hoteles en Silao están especialmente diseñados para cubrir las necesidades de los viajeros de negocios.
  7. Otro atractivo de Silao, en este caso para el turismo recreativo, es el Cerro del Cubilete. Desde ahí se puede contemplar una de las vistas más espectaculares del Bajío e incluso se organizan vuelos en parapente, para dominar el territorio. Pero lo más especial del lugar es el Santuario de Cristo Rey.
  8. Por último, cabe mencionar a León, ciudad moderna y vanguardista, dedicada al comercio, pero también impulsora de la historia y la cultura. Ahí se encuentra el Museo de Arte e Historia de Guanajuato.

Destinos para practicar el golf en México

Tal vez no sea el deporte más popular del país, pero el golf también tiene numerosos seguidores en México. Según informes de la Federación Mexicana de Golf, hay cerca degolf 28 mil golfistas registrados en el programa de monitoreo de hándicaps. Además, muchos varios mexicanos han sido becados para estudiar en universidades de los Estados Unidos, debido a sus méritos en el golf; estos deportistas de categoría amateur podrían ser una esperanza para los próximos juegos olímpicos.

Uno de los aspectos que dificultan la práctica de este deporte es la elevada inversión que se necesita para tener el equipo adecuado. El juego de catorce bastones, bolsa, ropa y zapatos especiales oscila entre los 800 y los 1,500 dólares. Sin embargo, la Federación Mexicana de Golf y el Fondo Nacional de Fomento al Turismo (Fonatur) han promovido la creación de campos para aficionados, en los que se puede rentar el equipo para aprender y practicar.

Sin embargo, los golfistas profesionales no quedarán decepcionados con la variedad de campos que hay en México. Destinos de playa como Cancún, Riviera Maya, Puerto Vallarta, Los Cabos y Acapulco tienen fama internacional por la calidad y belleza de sus campos de golf. En el Bajío y el centro del país, cada estado, a excepción de Tlaxcala, tiene al menos un campo de golf.

Entre la gran variedad de lugares habilitados para la práctica de tan sofisticado deporte, estos son los cinco mejores:

  1. Tres Vidas

Ubicado en Acapulco, Guerrero, este campo está rodeado de lagos que incrementan la dificultad del juego. También cuenta con un imponente link course, que fue diseñado por Robert Von Hagge.tres vidas golf club

  1. One & Only

Creado por el famoso diseñador de campos de golf, Jack Nicklaus, este campo de golf de Los Cabos es realmente único, por los imponentes paisajes que lo rodean. Destacan las espectaculares vistas al Mar de Cortés.

  1. Club de Golf México

El club de golf más impresionante de la Ciudad de México se inauguró el 1 de enero de 1949. Fue diseñado por Percy Clifford y Agustín Belmont, por encargo especial del entonces presidente de la República, Miguel Alemán.club de golf méxico

  1. El Tigre

Se ubica en Nuevo Vallarta, Nayarit. La entrada está ornamentada con una piedra en forma de arco, que hace alusión a los templos mayas. El conjunto se extiende a lo largo de 7 mil 239 yardas y el campo tiene 18 hoyos.

  1. Las Parotas

Este campo de 18 hoyos, reconocido en el ámbito internacional y premiado en los Estados Unidos, se encuentra en Santa María Huatulco. Destaca por ser uno de los pocos campos de golf con diseño “eco-amigable” que existen en México.

Estas son sólo algunas de las opciones que existen en el país para la práctica del golf. Para disfrutar estos campos y además explorar los fabulosos destinos en los que se ubican, busquen vuelos VivaAerobus en oferta y empiecen a viajar y practicar ya.

Golf para ti

Son muchas las personas que les gusta jugar golf, y te puedo decir que menos de la material para jugar golfmitad sabe la historia de este hermoso deporte, una de las preguntas que siempre veo que la gente hace es ¿El golf es un deporte solo para ricos? y la respuesta es que no, esta muy estigmatizado este deporte la gente suele creer que es demasiado exclusivo, existen campos de golf en México que no requieren inversion inicial, existen muchos campos de golf que no requieren estar asociados a algun club deportivo, solo con acercarse se puede aprender e incluso jugar.

Que material vas a necesitar si deseas empezar a jugar, recuerda que siempre puedes rentar el equipo.
golf

Los palos de golf se dividen segun la distancia que buscas.
-Wedges, palos que alcanzan 73 a 101 mts
-Hierros cortos, 119 a 128 mts
-Hierros Medios, 137 a 155 mts
-Hierros Largos, 165 a 183 mts
-Maderas, 174 a 219 mts
La bola pesa aproximadamente 45.9 gramos y mide 4.26 cm
te recomiendo mantenerla siempre limpia y calientita, asi volara mucho más.

Buggies, estos vehiculos te permetiran recorrer todo el campo de golf con mayor facilidad, tambien evitan estar cargando todos los palos. Ahora ya sabes lo basico para jugar golf.